El alcohol forma parte de nuestra vida cotidiana. Está presente en comidas, cenas, celebraciones, reuniones con amigos, fiestas, vacaciones e incluso en algunos momentos que asociamos con el descanso.
«¿Tomamos una cerveza?»
«Es solo una copa.»
«Hoy me lo merezco.»
«Yo controlo.»
Son frases que escuchamos con frecuencia y que reflejan hasta qué punto el consumo de alcohol está normalizado en nuestra sociedad.
Y precisamente por eso, en ocasiones puede resultar difícil preguntarnos si nuestra relación con el alcohol es realmente saludable.
No hace falta beber todos los días ni tener una dependencia para que el alcohol pueda estar empezando a generar un problema. A veces, el problema aparece cuando necesitamos beber para divertirnos, relajarnos, relacionarnos con otras personas o sentirnos mejor emocionalmente.
¿Por qué tenemos tan normalizado beber alcohol?
En nuestra sociedad, el alcohol está muy relacionado con los momentos de ocio y de celebración.
Celebramos algo y bebemos. Quedamos con amigos y bebemos. Terminamos una semana complicada y nos tomamos algo. Salimos de vacaciones y aumentamos el consumo.
Esto hace que muchas veces el alcohol se perciba como una parte casi inevitable de determinados momentos sociales.
Además, existe una diferencia importante entre cómo hablamos del alcohol y cómo hablamos de otras sustancias. Expresiones como «una copa de vino», «unas cervezas» o «tomarse algo» suelen utilizarse con mucha naturalidad, mientras que hablar de otras sustancias genera inmediatamente una percepción de riesgo.
Esta normalización puede hacer que nos resulte más difícil reconocer cuándo nuestro consumo está empezando a ser excesivo.
Por ejemplo, una persona puede pensar que no tiene ningún problema porque solo bebe los fines de semana. Sin embargo, si cada fin de semana necesita beber grandes cantidades, pierde el control, tiene problemas con su pareja después de beber o utiliza el alcohol para olvidarse de sus preocupaciones, merece la pena prestar atención a esa relación con el alcohol.
¿Qué significa beber «con moderación»?
Seguro que hemos escuchado muchas veces hablar de «beber con moderación» o de «consumo responsable».
Pero ¿qué significa realmente?
Lo primero que debemos tener claro es que que un consumo sea moderado no significa que sea completamente inocuo. El riesgo depende de cuánto bebemos, con qué frecuencia, cómo lo hacemos y de las circunstancias de cada persona.
Además, no es lo mismo beber una pequeña cantidad de manera puntual que consumir mucho alcohol en unas pocas horas.
Por ejemplo, podemos encontrarnos con personas que apenas beben durante la semana, pero que cada fin de semana terminan emborrachándose. Aunque el consumo no sea diario, este patrón también puede tener consecuencias importantes.
Por eso, más que preguntarnos únicamente «¿cuántos días bebo?», también es importante preguntarnos:
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¿Cuánto bebo cuando consumo alcohol?
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¿Puedo decidir fácilmente no beber?
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¿Me cuesta parar una vez que empiezo?
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¿Utilizo el alcohol para sentirme mejor?
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¿Me ha generado problemas alguna vez?
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¿Me siento incómodo cuando estoy en una situación social sin beber?
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¿He intentado reducir mi consumo y no lo he conseguido?
Estas preguntas pueden ayudarnos a conocer mejor nuestra relación con el alcohol.
¿Cuándo podemos empezar a preocuparnos?
No existe un momento concreto en el que una persona pase de «beber normalmente» a «tener un problema».
Es más útil pensar en un continuo.
Hay personas que consumen alcohol de manera ocasional y sin que tenga una presencia importante en su vida. Otras beben con mayor frecuencia o en mayores cantidades y pueden estar asumiendo riesgos sin darse cuenta.
Y también hay personas para las que el alcohol comienza a convertirse en una necesidad.
Algunas señales a las que podemos prestar atención son:
Cada vez necesito beber más para conseguir el mismo efecto.
Me cuesta controlar cuánto bebo una vez que empiezo.
Utilizo el alcohol para afrontar emociones, como ansiedad, tristeza, estrés, aburrimiento o enfado.
Necesito beber para disfrutar de determinadas situaciones, como salir de fiesta o relacionarme con otras personas.
He tenido discusiones o problemas después de beber.
He intentado reducir el consumo y me ha resultado muy difícil.
Paso mucho tiempo pensando en cuándo voy a beber o esperando el próximo momento para hacerlo.
Sigo bebiendo aunque sé que me está generando consecuencias negativas.
Tener alguna de estas señales no significa automáticamente que exista una adicción. Pero sí puede ser una buena razón para detenernos y preguntarnos qué lugar está ocupando el alcohol en nuestra vida.
¿Qué ocurre cuando bebemos alcohol?
El alcohol afecta al funcionamiento de nuestro cerebro y de nuestro organismo.
Al principio puede producir una sensación de relajación y desinhibición. Podemos sentirnos más sociables, hablar más o tener la sensación de estar más tranquilos.
Sin embargo, a medida que aumenta la cantidad de alcohol, también aumentan sus efectos.
Podemos tener más dificultades para pensar con claridad, tomar decisiones, controlar nuestros impulsos o coordinar nuestros movimientos.
También pueden aparecer:
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Mareos.
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Náuseas y vómitos.
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Somnolencia.
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Problemas de memoria.
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Mayor impulsividad.
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Dificultades para controlar las emociones.
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Conductas de riesgo.
Esto explica por qué algunas personas hacen o dicen bajo los efectos del alcohol cosas que probablemente no harían en otras circunstancias.
Los efectos no terminan cuando desaparece la borrachera
En ocasiones pensamos en los efectos del alcohol únicamente mientras estamos bebiendo.
Sin embargo, sus consecuencias pueden ir mucho más allá.
Después de beber podemos encontrarnos más cansados, dormir peor, sentirnos irritables o tener dificultades para concentrarnos.
Y cuando el consumo se mantiene durante mucho tiempo, las consecuencias pueden ser mayores.
El consumo elevado de alcohol se relaciona con diferentes problemas de salud física y psicológica y puede afectar también a nuestras relaciones, nuestro trabajo y nuestra vida familiar.
Por eso, es importante no pensar únicamente en la pregunta:
«¿Me emborracho?»
También podemos preguntarnos:
«¿Qué consecuencias está teniendo el alcohol en mi vida?»
Cuando bebemos para sentirnos mejor
Desde la psicología, hay algo especialmente importante: para qué utilizamos el alcohol.
No es lo mismo beber porque nos apetece tomar una cerveza durante una comida que beber porque sentimos que no podemos relajarnos después de un día complicado si no tomamos algo.
Tampoco es lo mismo beber ocasionalmente que pensar:
«Si no bebo, no voy a poder disfrutar de la fiesta.»
«Cuando estoy nervioso necesito tomarme un par de copas.»
«Cuando llego a casa después de trabajar necesito beber para desconectar.»
En estos casos, el alcohol puede convertirse en una forma de afrontar determinadas emociones.
El problema es que funciona a corto plazo.
Podemos sentirnos más relajados durante un rato, pero el problema que provocaba nuestro malestar sigue ahí.
Así puede crearse un círculo:
Me siento mal → bebo → me siento mejor durante un rato → vuelvo a sentir malestar → vuelvo a beber.
Con el tiempo, podemos aprender a recurrir al alcohol cada vez que aparece una emoción desagradable.
¿Y qué podemos hacer desde la psicología?
Cuando una persona quiere cambiar su relación con el alcohol, no se trata simplemente de decirle «tienes que dejar de beber».
Es importante entender qué está ocurriendo y qué papel tiene el alcohol en su vida.
En terapia podemos trabajar diferentes aspectos.
Entender por qué bebes
Podemos analizar cuándo aparece el deseo de beber, qué estaba ocurriendo antes, qué estabas sintiendo y qué esperabas conseguir con el alcohol.
A veces descubrimos que no bebemos simplemente porque «nos gusta», sino porque el alcohol se ha convertido en nuestra principal forma de relajarnos, desconectar o afrontar determinadas situaciones.
Aprender otras formas de gestionar las emociones
Si utilizamos el alcohol para manejar el estrés, la ansiedad, la tristeza o el enfado, necesitamos aprender otras formas de hacerlo.
Podemos trabajar estrategias para gestionar las emociones, afrontar situaciones difíciles, reducir el estrés y tolerar mejor el malestar sin necesitar recurrir al alcohol.
Revisar las ideas que tenemos sobre el alcohol
Muchas veces tenemos pensamientos que hacen que beber parezca necesario:
«Me lo merezco.»
«Solo es una copa.»
«Todo el mundo bebe.»
«Sin alcohol no me divierto.»
«Yo controlo.»
Trabajar estas ideas puede ayudarnos a entender mejor nuestra relación con el alcohol y a tomar decisiones diferentes.
Aprender a enfrentarnos a determinadas situaciones
Para algunas personas, lo más difícil es salir con amigos, acudir a una celebración o estar en un bar y no beber.
En terapia podemos trabajar estas situaciones y buscar alternativas que permitan seguir disfrutando de nuestra vida social sin que el alcohol tenga que estar siempre presente.
Recuperar otras fuentes de bienestar
Cuando el alcohol ocupa demasiado espacio, otras actividades pueden ir desapareciendo.
Recuperar hobbies, deporte, relaciones sociales, descanso, ocio y actividades que nos hagan sentir bien puede ser una parte importante del proceso.
La idea es construir una vida en la que no necesitemos el alcohol para sentirnos bien.
No hace falta tener una adicción para pedir ayuda
Uno de los mayores problemas relacionados con el alcohol es que muchas personas creen que solo necesitan ayuda quienes tienen una dependencia.
Pero no es así.
Podemos pedir ayuda porque queremos reducir nuestro consumo, porque nos preocupa cuánto estamos bebiendo, porque utilizamos el alcohol para afrontar nuestras emociones o porque sentimos que cada vez tenemos menos control.
No es necesario esperar a que el problema sea grave para hacer algo al respecto.
Pedir ayuda puede ser simplemente una manera de entender mejor qué está pasando y aprender a relacionarnos con el alcohol de una forma diferente.
En ENSER Psicólogos podemos ayudarte
En ENSER Psicólogos Vicálvaro podemos acompañarte si sientes que el alcohol está empezando a ocupar un lugar demasiado importante en tu vida.
Trabajaremos para comprender qué hay detrás del consumo, qué situaciones lo favorecen y qué necesitas para poder afrontarlas de otra manera.
El objetivo no es juzgarte ni etiquetarte, sino ayudarte a entender tu relación con el alcohol y recuperar el control sobre tus decisiones.
Si te preocupa tu consumo de alcohol o sientes que lo necesitas para afrontar determinadas situaciones o emociones, la terapia psicológica puede ayudarte a dar el primer paso.